Diferenciafm – Salamanca

Ricky Martin: Un mundo sin diferencias

2262960

No es un camaleón precisamente, pero tras dos décadas y sumando de exposición como una de las mayores estrellas del firmamento pop latino, Ricky Martin acumula personalidades y fases que le permiten montar un espectáculo de sorprendente variedad, una especie de biografía personal al ritmo de cortes bailables aptos para un gimnasio, y baladas dignas de las escenas más románticas de una teleserie. A los 44 años el puertorriqueño que abrió las compuertas del crossover -ese salto de las figuras hispanas al mercado anglo sin traicionar sus raíces-, no se permite bostezos ni comodidades. Al contrario. Ricky Martin parece genuinamente juvenil en el escenario y deseoso de estirar sus propios límites, como lo demostró la noche del miércoles en un Movistar Arena abarrotado y enfervorizado hasta la última fila.

No solo depende de su facha privilegiada sino de un vigor escénico contagioso desde el primer minuto de espectáculo. Y mientras otros en una posición similar -Luis Miguel es un buen caso-, instalan fórmula y modorra sin sumar nuevas generaciones, el centroamericano convoca a un contingente femenino aún floreciente junto a sus primeras seguidoras cosechadas en el arranque de los noventas, afianzando su número con las condicionantes del Primer Mundo. El nombre de la gira que promociona su último álbum A quien quiera escuchar lo proclama: One world tour. Para Ricky Martin, no hay diferencias entre el barrio latino que le adora y las grandes capitales industrializadas donde se presenta con éxito.

Desde el primer minuto todo fue vértigo, luces en movimiento, pantallas gigantes móviles, sonido perfecto y aplastante, coreografías acabadas para cada corte como si se tratara de efímeros video clips, y constantes cambios de vestuario. Si Livin’ la vida loca requiere un descapotable en escena, ahí figura el auto. Si necesita otra vestimenta, las pantallas descienden y se transforman en un biombo, para luego aparecer en una plataforma en otro punto del escenario, a la usanza de un número de magia. Si el público se enamoró cuando llevaba el pelo largo y aro de pirata, Ricky Martin complace y canta Fuego contra fuego.

Por más de hora y media llevó a la audiencia, donde prácticamente no había hombres, a todos los rincones de la memoria y el ritmo. Cantó en inglés éxitos como Drop it on me y Shake your bon-bon, se puso romántico con Tal vez, como La mordidita y Disparo al corazón evidenciaron que su fanaticada engancha con sus nuevas canciones. Ricky Martin se puede ufanar de vivir su mejor momento y aquello parece una constante en su carrera. Nada le hace mella, ni el paso del tiempo, ni confesar su condición sexual. Sin ser un gran intérprete, ni siquiera un gran bailarín, lleva su belleza con encanto. Un puñado considerable de canciones con timbre de clásicos son su banda sonora y la de un público fiel, que en cada visita recibe lo mejor de su ídolo.

Fuente: LA TERCERA